@elvis_ente

08 mayo, 2007

EL FIN DE LA PENA (parte 1)


"La ley es telaraña,

y en mi ignorancia lo explico

no la tema el hombre rico

nunca la tema el que mande

pues la rompe el bicho grande

y sólo enreda a los chicos"

Martín Fierro



Cada vez que la desgracia golpea a los mendocinos nos transformamos en especialistas en Seguridad, como en cada mundial somos todos técnicos. Intermitentemente Mendoza debate "Seguridad", englobando en esa palabra nuestras impresiones sobre la violencia, el delito, la marginalidad, las armas, el espacio público y el Sistema Penal.

Cada debate público, aún parcial y específico llevan implícito un proyecto de Sociedad integral. Así como decisiones técnico financieras pueden afectar el valor de una moneda y cambiar el horizonte de inversiones y empleo en un país; cuando se discute la forma de resolver el problema de la violencia y el delito también afectamos las bases de la convivencia social que fundan el Sistema Democrático.
En este punto, las políticas penitenciarias cobran una importancia fundamental; ya que las cárceles constituyen el ámbito donde el Estado ejerce su máximo nivel de potestad sobre la vida de los ciudadanos. Los presos están bajo su total resguardo.
Además de establecer el domicilio de los internos se administra su ubicación espacial y se manejan sus tiempos personales en la duración de su pena o proceso.
La privación de la libertad otorga al Estado la responsabilidad de administrar todos los dominios de existencia de los contenidos; su alimentación, su economía, su vida familiar y sexual, su salud, su esparcimiento, su educación, y muchas veces su muerte. Todo. Por eso las políticas penitenciarias son una visión en escala de las políticas sociales.
El trato que reciben los presos no representa exclusivamente al personal penitenciario, sino que describe a toda la sociedad y marca los valores con los cuales se sostiene la colectividad. El objeto de nuestra militancia es que la paz se construya desde la inclusión y la lucha frontal contra la miseria, que no es lo mismo que buscar la seguridad criminalizando la pobreza.
Esta idea ya convoca a militantes de todo el mundo. Hoy Paz significa algo más que la ausencia de guerra y de conflicto. Es un concepto dinámico que debe considerarse en términos positivos: la existencia de seguridad y justicia social, la posibilidad de que los seres humanos tengan las mismas oportunidades, realicen plenamente sus posibilidades y gocen del derecho a una vida digna.

VIGILAR Y CASTIGAR.

Las cárceles nacieron hace unos doscientos años, para sustituir castigos más crueles. En este sentido, son una institución típica de la Modernidad, cuyos afanes de progreso pretende encarnar. En concreto: castigar el delito sin destruir a su autor. Pero, incluso en este contexto progresista, el centro penitenciario era y es visto como un mal, por cuya eliminación hay que seguir trabajando, como se trabajó por erradicar la tuberculosis o como se lo hace con el cáncer.
Quedan muchas preguntas abiertas acerca de la eficacia del encierro como herramienta para pacificar la sociedad. La prisión, tal como está estructurada en general, funciona como un depósito de seres despersonalizados. Esta característica destruye los valores más ricos de la persona humana y se convierte en enclave de alienación.
Que la sociedad sea solidaria y comprenda al preso o penado, aceptando que ella también tiene parte en la génesis de la criminalidad es un paso hacia importantes cambios sociales. Cuando la sociedad aporta al preso y su familia las ayudas necesarias para su progresiva inclusión ciudadana, librándolo de circunstancias familiares esclavizantes, o despertándole expectativas de superación, demuestra una comprensión integral del problema.
LA VISIÓN SISTÉMICA EN EL SISTEMA PENITENCIARIO.
Las cárceles no son sistemas aislados, sino que intercambian energía, materia e información con el mundo. Las personas que viven en las prisiones son; además de sujetos de derecho, el resultado de un proceso biológico que integra a su vez patrones físicos y químicos.
Este enfoque es altamente explicativo y permite acercarnos a políticas alternativas a las que tradicionalmente emanan del paradigma normativo y criminológico.

Algunas formas naturales son sistemas abiertos, están implicados en un constante intercambio de energía con el medio. Una semilla, un ser vivo, son todos sistemas abiertos. También hay sistemas abiertos fabricados por el hombre, el Sistema Penitenciario y las empresas son ejemplos de esto.
Las sociedades humanas son sistemas atravesados por flujos energéticos e información procedentes del exterior -de la naturaleza y, en particular, de la propia naturaleza humana. La visión sistémica del sistema penitenciario se basa en su estructura y funcionamiento propios de los sistemas vivos. No sólo por la agregación de personas vivas que los constituyen, sino porque adquiere características propias y fenómenos emergentes producto de la interacción de sus componentes.
SELECTIVIDAD PENAL Y READAPTACION SOCIAL
Los presos pertenecen a un grupo social desasistido de recursos para enfrentar las situaciones que se les presentan: mas del 50% de la población reclusa es analfabeta absoluta o funcional. Entre el 80% y el 90% ha abandonado sus estudios entre los trece y los diecisiete años. Sólo el 2% ha seguido un proceso de educación regular, mientras que el 75% no tiene ninguna calificación profesional.
El espacio social que ocupan los presos en la Argentina es similar en su posición a la de la casi totalidad de los países occidentales; el español Miguel Hernández describe así la población penada de la península ibérica:..."En su mayoría, los presos proceden de familias con procesos de desvinculación, donde se aprecian carencias de afectividad. Por lo general ha habido ausencia de figura materna o paterna, y la autoridad familiar no ha sido ejercida satisfactoriamente, provocando situaciones conflictivas. Son familias sin trabajo, con pocas aspiraciones, que luchan por la supervivencia diaria. Ocupan (cuando tienen la suerte de poder ocuparlas) viviendas reducidas, con escasez de servicios y de espacios personales, ubicadas en el casco antiguo de las ciudades o en los suburbios, donde hay una notable deficiencia y carencia de servicios de todo tipo".
Existe un patrón que selecciona a la población penada como un mecanismo de defensa de un sistema social excluyente. Las poblaciones penadas provienen de los sectores menos pudientes de las comunidades. Un elemento distintivo de la población penada es tener todas sus necesidades sin satisfacer desde hace mucho; quizás dos o tres generaciones.
La lucha diaria por la subsistencia los ubica en la mínima condición humana. Son altamente dependientes y el entorno social se les manifiesta hostil.

Los delitos cometidos por personas de baja instrucción son toscos, groseros y fácilmente identificables para el sistema penal mientras que hay una infinita gama de actitudes perversas que escapan por su sutileza a las figuras del código, permitiéndoles a las personas mejor calificadas intelectualmente evitar la judicialización de sus conductas o las mismas condenas.
El desarrollo de las habilidades de la mente facilita el control de la conducta, lo que previene al hombre de cometer excesos y compatibiliza con el cumplimiento de las leyes de convivencia.

El mínimo consenso que existe sobre la utilidad de las cárceles se basa en la idea de Readaptar o resocializar al preso. Esta idea tiene su origen en el deseo de transformar al preso en un operario industrial. Hoy ni siquiera eso. Readaptar o resocializar implicaría la creencia de que los reclusos alguna vez estuvieron adaptados y/o socializados. La idea de resocializar implica también reubicar al preso en su medio, que es, precisamente, el que lo forjó delincuente.

Esta paradoja se advierte también en el caso de los delincuentes de cuello blanco. A nadie se le ocurriría aplicarle los parámetros del tratamiento penitenciario con la idea de readaptarlo (para el caso de que cayera preso). El delincuente económico tiene un grado de sociabilización que incluye una formación educativa que supera a la de la mayoría. ¿Cómo y para qué readaptarlo si además no existe conciencia de rechazo social - sino mas bien admiración- a su persona y a los bienes que ostenta...?
A la cárcel no va cualquier delincuente; sólo aquellos mal vivientes "fracasados", los que han cometido faltas grotescas, los que han dejado rastros, los que han sido atrapados por la justicia.
ENCIERRO Y LIBERTAD
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Está demostrado por diversos estudios que las personas asimilan los valores y la cultura del ámbito en el que se desenvuelven; no lo hacen a partir de lecturas o discursos encendidos. En definitiva, somos lo que hacemos.
Cuando una persona es detenida para un proceso, se inicia una cadena de apropiaciones por parte del Estado. Una de las primeras pérdidas que produce la prisión es la posibilidad de resarcimiento entre los involucrados: ofensor y víctima. Nils Christie lo describe así ... "el delincuente ha perdido la oportunidad de explicarse frente a alguien cuyo juicio podía haber sido importante. Ha perdido, de este modo, una de las posibilidades más importantes -para ser perdonado"
La vida en la cárcel conlleva penalidades añadidas a la privación de la libertad pretendida por la Ley. La prisión produce consecuencias negativas y traumáticas, sobre la vida personal, familiar y social del interno.
La prisión se ha constituido en un lugar para estar mal, para sufrir y se identifica con el concepto de contención, segregación y depósito de personas, acusados o condenados.
Desde el punto de vista psicológico la permanencia en la cárcel origina una mutación del "yo", motivada por la separación del desempeño de los roles sociales, e impide el desarrollo de la vida afectiva, limitándola hasta la atrofia.
Se aprecia en el sujeto una regresión en el modo de vida, que más tarde le incapacitará para adaptarse a la vida en libertad, a sostener sus vínculos. El preso vive inseguro, pendiente de decisiones que otros tomarán respecto de su persona.
Todo esto va generando y acumulando agresividad, dureza de sentimientos y sensación de abandono.
El verse castigado y rechazado por su sociedad y por los suyos, hace que muchos pierdan la confianza en las personas y en las instituciones sociales.
FAMILIAS PRESAS
Los familiares de los presos han sido considerados en este contexto como una prolongación de éstos. Su vínculo con la institución penitenciaria ha sido de menor intensidad, pero similar en cuanto a la estructura de relación que mantienen con los contenidos.
La ley 24660 (6513 prov) aborda los vínculos del penado en su artículo 158 y establece la comunicación con familiares, amigos, allegados e instituciones como un derecho y así también la privacidad de los mismos.
Para el interno, sus familiares son su mundo exterior, su contención afectiva; la principal preocupación de su vida, junto a su causa penal. Por eso se cuida la paz durante la visita de los familiares. Sólo en los últimos tiempos; y como consecuencia de la extensión del consumo de drogas se registran problemas de violencia dentro de este ámbito de convivencia familiar.
Por su parte,
para la familia es muy difícil transitar la experiencia de un preso "en casa", quien muchas veces es el principal sostén del hogar. Desde el punto de vista social y económico tener un esposo, un hijo o un padre preso tiene para el grupo consecuencias más gravosas aún que la muerte del mismo. A la ausencia de la persona y su aporte económico hay que agregarle los costos de abogados, la estigmatización social y el incierto destino al que se ven sometidos los familiares, sobre todo los dependientes, que ni siquiera cuentan con la solidaridad de su medio, que los rechaza.
En cualquier caso, la prisión de una persona representa la degradación social propia y de su familia. El ingreso en la prisión viene acompañado por la pérdida del trabajo (cuando se lo tiene) y de la vivienda. Este empobrecimiento material afecta también a la familia y, recíprocamente, afloja los lazos y debilita las relaciones afectivas con los allegados (separación de la compañera o esposa, "colocación" de los hijos, distanciamiento de los amigos, etc).
El sociólogo francés Loic Wacquant dice al respecto: la prisión exporta su pobreza al desestabilizar constantemente a las familias y los barrios sometidos a su tropismo. De modo que el tratamiento carcelario de la miseria (re)produce sin cesar las condiciones de su propia extensión: cuanto mas se encierra a los pobres, mas certeza tienen éstos -si no hay por otra parte algún cambio de circunstancias- de seguir siéndolo duraderamente y, en consecuencia, más se ofrecen como blanco cómodo de la política de criminalización de la miseria. La gestión penal de la inseguridad social se alimenta así de su propio fracaso programado".
Las cárceles se nutren y renuevan su población (en una importante proporción) a través de los mismos familiares de los presos.
Las políticas públicas orientadas alos familiares enriquecen el tratamiento de reinserción social de los reclusos y representa una acción directa de la prevención de delitos.

Las circunstancias y efectos del encierro repercuten tanto en los presos como en sus familiares. Ambos cumplen una pena. Ambos están condenados. Ambos constituyen ahora la Población Penada.

Agrupar y asistir a los familiares de los presos posibilita el desarrollo de programas de prevención de adicciones, alcoholismo y violencia familiar donde más se los necesita. Transforma en parte la tragedia del delito y la prisión en una oportunidad de cambio.
PERSONAL PENITENCIARIO
Las historias cotidianas de los guardiacárceles permiten comprender hasta qué punto ellos también están presos y forman parte de la población penada. La cantidad de horas que transcurren en el penal los deja conviviendo con el encierro mucho tiempo, los introduce en un mundo artificial del que no se vuelve fácilmente cuando transcurren muchos años de exposición.
La labor penitenciaria es más patógena incluso que la de un manicomio; porque quien trabaja en un psiquiátrico sabe que está frente a enfermos y la mente produce entonces sus mecanismos de defensa, pero en las cárceles no se produce esta distinción, dejando al agente muy vulnerable y sensible al medio.
Es difícil para el personal distinguir a los internos como objeto de rehabilitación, con una óptica terapéutica. El criterio de trabajo siempre gira en torno de la seguridad. En Argentina el servicio penitenciario constituye una fuerza de tipo policial, con oficialidad y tropa, leyes orgánicas, reglamentos, estatutos y vestimenta castrense, casinos de oficiales y suboficiales, etc. La vocación de carcelero no se adquiere en la infancia; suele surgir en la adultez como una de las últimas soluciones al desempleo y raramente se relaciona con los valores de honestidad, entrega y readaptación social del delincuente según la ley.
Los agentes penitenciarios representan la manifestación física de la ley y deben ejercerla con rigor. La idea básica es la seguridad basada en la circulación
restringida de internos. Cuanto menor sea el corretaje de personas, menor será la exposición del personal y las oportunidades para que se produzcan disturbios.
Se internaliza una actitud refractaria al aumento de actividad de los presos.
Cada actividad que reralizan los internos fuera del pabellón constituye un trabajo extra; ya que obligan a confeccionar listados, reunir a la gente y trasladarla hacia el lugar previsto. Custodiar el orden durante la actividad y devolver cada interno a su pabellón, no sin antes haber realizado un nuevo recuento.
Los agentes penitenciarios realizan una de las tareas más duras y peligrosas. Son instrumentos, y por ende, víctimas de un sistema que los impele a ser victimarios, en nombre de uno de los controles penales.

Los agentes ven repetirse las mismas caras a lo largo de su carrera, por eso tienen expectativas negativas respecto de la reinserción de los internos justamente por ser testigos presénciales del 80 % de reincidencia que tiene el sistema penal.
Esto explica la baja calidad motivacional de los agentes, quienes sienten la clase de ingrata tarea que se les encomienda, poco remunerada y hasta mal vista por la sociedad.
Sin embargo, y a pesar de tantos problemas, muchos penitenciarios recuerdan las buenas relaciones mantenidas con algunos internos, como si entendieran que a pesar de todo se encuentran aspectos positivos en los internos.
(continuará)

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