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08 noviembre, 2008

El Fin de la Pena VIII

Descripción de la los roles sociales internos dentro de los regimenes penitenciarios. Fuente Elías Newman "La Sociedad Carcelaria"
1. El Delegado: denuncia la situación del grupo. Es el vocero del grupo;integrante que se desempeña como vehículo de lo emergente, es la persona que pesca y denuncia una situación.
2.El Carteludo, da órdenes directas o indirectas. Consisten en interrumpir un deseo expresado por algún miembro sustituyéndolo por su propio deseo.
3.Cachivache: la contracara del líder. Se le hace cargo de todo lo negativo (chivo expiatorio)
4.El Buche, es el depositario de la resistencia al cambio.
5.El Pensador, pone ideas, cuando el grupo no funciona.
6.El Organizador, pone paréntesis y determina las formas y tiempos en el grupo.
7.El Aglutinador, centra las cuestiones afectivas del grupo.
Seguridad Interna en San Felipe.
La seguridad interna en un penal como San Felipe en 1999, se mantienía a través de un delicado equilibrio, sostenido por el personal penitenciario con los internos. Pero como la palabra lo indica equilibrio no es control. Es muy difícil que 25 agentes por turno puedan manejar a mas de 1.200 personas.
La base del equilibrio está en la estructura panóptica radial que tiene el penal, donde todos los pabellones tienen su puerta de ingreso de forma concéntrica hacia un patio central (rotonda) en donde se encuentra la guardia. Resulta difícil controlar lo que ocurre adentro de los pabellones una vez que se produce el encierro, después del último recuento, pasadas las 20:00hs.
Por otro lado: las puertas de las celdas, en muchos casos, están averiadas y facilitan que los presos puedan manejarse por el cuadro sin dificultad y los techos de los pabellones permiten que internos caminen por ellos durante las noches e incluso que se pasen de un pabellón a otro.
El personal de seguridad interna no puede estar armado en la zona de la rotonda (para evitar que les roben el arma y sean víctimas de su propia seguridad). Cuando se realiza el encierro nocturno, los guardias cumplen su tarea acompañados de una linterna que en muchas oportunidades no se encuentra en condiciones de uso. Es una actividad riesgosa por su vulnerabilidad. Esta tarea la realizan los penitenciarios de menor rango supervisados por sus superiores.
Dada la imposibilidad física y técnica para controlar lo que ocurría adentro de los pabellones el personal debía utilizar un sistema de inteligencia interna para tener un nivel mínimo de conocimiento sobre las actividades de la población penada. Esta red de inteligencia era una variable independiente para los funcionarios del área, con personal de seguridad interna y determinados penados que hacían de informantes.
Estos internos “adaptados” suelen ser penados con muchos años de condena con las accesorias del art 52 del Código Penal o cadena perpetua. Esta gente es la más "permeable" para el personal penitenciario, ya que saben que tendrán que convivir en prisión durante mucho tiempo y la única llave que tienen para obtener ciertas mejoras en su calidad de vida como visitas especiales y permiso parra vender golosinas, cigarrillos o gaseosas durante la visita,es el personal penitenciario. A cambio ellos se involucran y hacen propios los intereses del personal.
Dentro del penal existía un mercado de 1400 consumidores de diversos de artículos, muchos los proveen los familiares durante la visita como ropa, alimentos o elementos de limpieza. Otros están prohibidos dentro del penal como las bebidas alcohólicas y obviamente los estupefacientes. La posibilidad de vender estos productos prohibidos representa un nicho de mercado más que interesante, toda vez que entre los internos hay una proporción de poli adictos muy superior al perceptible en la sociedad. Un verdadero mercado “cautivo” ya que por estos elementos se llega a pagar el triple o el cuádruple de lo que vale en el comercio “normal”.
Lo que encarece el precio del alcohol, las armas y las drogas es el riesgo de introducirlos y comercializarlos dentro del penal. Y es en este punto donde comienza la historia...
Imposible desplegar esta rentable actividad sin la colaboración del personal penitenciario, ya que es el encargado de controlar y evitar que esto ocurra, mediante la requisa que se realiza a los familiares en el ingreso a la visita y en las periódicas que se producen en los pabellones.
Se puede dar la situación de que algún familiar pueda introducir drogas y alcohol al penal y usualmente, se descubren casos. Sobre todo las mujeres, que introducen sustancias y elementos en el interior de su cuerpo. Sin embargo este hecho no es representativo del volumen comercializado.
El personal que requisa a la visita antes que ingrese no puede revisar completa y profundamente a todas los ingresantes por una cuestión de tiempo, y oportunidad. Tampoco se contabsa entonces con detectores para facilitar esta tarea ni se puede garantizar el celo con que los agentes realizan las requisas en los pabellones. En conclusión, en San Felipe se podría ingresar, comprar y vender cualquier cosa. La clave son los canales de distribución.
Para desarrollar un esquema de comercialización ilícita dentro de la Penitenciaría se necesita un nivel mínimo de coordinación y predicibilidad en el suministro, ingreso y cobranza de los artículos y también un nivel de actividad permanente.
Para que el negocio funcione es indispensable el acoplamiento entre un grupo de internos y parte del personal penitenciario. Esta asociación va cambiando de nombres pero conserva una estructura concordante a través del tiempo: el personal administra el ingreso y suministro de productos (sobre todo drogas, alcohol y armas) mientras que los internos involucrados se encargan de distribuir, vender y cobrar lo generado.
El personal involucrado en esta actividad necesariamente debe tener alto rango e influencia para manejar las variables que permiten el ingreso y comercialización de sustancias al penal, manejo de personal, cambiar internos de pabellón e influenciar sobre el régimen progresivo de la pena establecido en la ley 24660. Generan las adecuadas condiciones de seguridad para que el negocio florezca.
Los beneficios económicos son distribuidos mayoritariamente entre el personal mientras que los internos asociados reciben mejoras en su calidad de vida: pabellones en mejores condiciones, mayor disponibilidad de movimientos dentro del penal, aceleración en el otorgamiento de beneficios y mejor régimen de visitas.
Estos mecanismos a pesar de informales, funcionan con exactitud; por ejemplo, en el caso de las visitas: el solo hecho de permitirle a un interno bajar al patio de visitas en las primeras horas de la mañana le da la posibilidad de compartir más tiempo con su familia que el disponible para otro al que le fue permitido bajar después del mediodía. Quizás los familiares de uno y otro ingresaron juntos al patio de visita, pero a uno le avisaron rápido y al otro no. Si algún interno o familiar se queja de que no agilizan la bajada, el personal aduce que el interno no responde al llamado y el asunto termina ahí. Lo mejor es no insistir.
También se manifiesta esta situación cuando el personal califica la conducta y el comportamiento de los reclusos para ser elevado al Consejo Correccional, encargado de administrar el régimen progresivo de la pena.
En esta trama participan internos, familiares y personal penitenciario con vínculos muy sólidos entre los integrantes del mismo sector y funcionales en relación a los otros. Formar parte de esa actividad es un verdadero logro para muchos internos, que encuentran una fuente de ingresos, beneficios y un espacio de poder con respecto a sus pares.
Desórdenes y Motines
El orden "normal" implica, como describíamos, una una serie de ilegalidades sistemáticas, que como tales están permanentemente amenazadas por la acción de la Ley. Ya sea porque algún caso llega a ser denunciado o por cambios políticos dentro del Sistema Penitenciario. Según sea el caso se producen desequilibrios e interrupciones en el normal funcionamiento del penal que desembocan en desórdenes generales que, como veremos más adelante, son un mecanismo de defensa para que tras la cobertura de un gran desorden se preserve y reproduzca el verdadero ORDEN, el que subyace a pesar de todo.
En estas líneas observamos a cada sector del Sisterma frente a estos hechos:
En el caso de los internos respecto al orden y la disciplina presentan diversas posturas; algunos vivirían de motín en motín, quizás encuentran cierta satisfacción en descargar las frustraciones del encierro sobre el edificio que los separa de la libertad. Pero la gran mayoría siente profunda inseguridad durante las revueltas.
Los familiares padecen con angustia los motines al no saber qué ocurre adentro. Generalmente este desconocimiento se transforma en sospechas y rumores que agregan dramatismo a la situación. Temen los ajustes de cuentas entre internos y la violencia utilizada por el personal en caso de represión. Se mantienen pendientes de la información a través de los medios o expectantes en las inmediaciones de la Penitenciaría.
Sin embargo el Personal Penitenciario tiene una actitud muy calma durante estas instancias; consultados sobre esto los oficiales comentaban que han pasado por muchos motines y la experiencia ha quitado emotividad al hecho. Es un día intenso, que luego será recordado como el día del motín de tal o cual ex Director, ya que asumen que los motines no es algo que les ocurra a ellos -salvo que les toque ser rehenes- sino al hasta ese día Director del establecimiento.
Las actitudes o estados emotivos que otras personas adoptan en estas revueltas, constituyen después motivo de análisis o sorna (según sea el caso) por parte de estos aventajados agentes penitenciarios. Sobre todo si se trata de otras fuerzas, el poder judicial y los funcionarios del poder ejecutivo.
El motín de junio del 99 tomó a la gestión en momento muy delicado. En lo que a los funcionarios se refiere la situación era paradójica. Si una nueva conducción se presentaba con una política que tendiera a disolver la tensión entre la población y el resto, sería una prueba importante una respuesta asertiva a la hora de resolver un motín.
Ningún desorden llega a motín sin la colaboración (por acción u omisión) del personal penitenciario. De hecho se requiere la coordinación de internos y personal para organizar uno. Y en función de esto mismo es que todos los motines expresan tanto intereses de los internos como del personal penitenciario.
Durante las revueltas los internos se expresan, reclaman y también aprovechan el descontrol por algunas horas para esahogarse y saldar “cuentas pendientes” mientras el personal desestabiliza el orden jerárquico que no es de su agrado. Los últimos tres motines de envergadura que se produjeron en la penitenciaría de la ciudad de Mendoza tuvieron un único efecto: la renuncia
del Director. Ni se escaparon los presos, ni se aceleraron las causas, ni mejoraron las condiciones de vida de los internos, sólo se desencadenó la salida del circunstancial director del penal.
Los motines se organizan con la colaboración de parte del personal penitenciario lo que significa que no son sólo expresión del descontento de los internos, sino también la ejecución de operaciones políticas que buscan perpetuar un esquema de funcionamiento que contiene importantes beneficios económicos para quienes detentan el poder cotidiano del encierro.
Cualquier gestión que tienda a equilibrar el casi absoluto poder físico y cotidiano que ejerce el personal sobre los internos será visto como amenazante para el orden instaurado, y si transparenta determinados aspectos de esta relación; se constituye frente a ellos un verdadero enemigo.
Los mecanismos que pone en funcionamiento el personal penitenciario para elevar la presión interna necesaria para la producción de un motín son diversos, sin embargo se pueden esquematizar para su mejor comprensión de la siguiente manera:
Con relación al Poder Político:
1) Estado de Inminencia: La falta de conocimiento sobre el conjunto de la Población Penal por parte de los funcionarios; sobre todo cuando se lleva poco tiempo en la gestión, obliga a “ver” adentro del pabellón con los ojos del personal. En este caso se trata de plantearle a las autoridades una situación en la que podría producirse un motín o una fuga masiva si no se toman determinadas medidas como: traslados, cambios de pabellón, suspensión de visitas o medidas disciplinarias que tienen un costo político y humano importante. En este punto la Administración se ve arrastrada a tomar decisiones sin conocer profundamente la situación y mucho menos las consecuencias. Se debe tener cuidado especial cuando esta información llega relacionada con eventos especiales; se debe realizar un profundo análisis de riesgo antes de tomar decisiones. Sobre todo, cuando se corre el riesgo del incumplimiento de ciertas órdenes encaminadas a evitar la posibilidad de un motín.
2) La objeción permanente: Este patrón de conducta es más inconsciente que el anterior; se trata de desgastar el ánimo de la gestión mediante una actitud objetora pasiva inquebrantable. Se torna muy difícil de implementar cualquier iniciativa, debido a diversos obstáculos, que resultan infranqueables por la situación reinante. En la mayoría de los casos las dificultades son reales, pero podrían superarse con buena voluntad. Es un síntoma propio de la baja calidad motivacional de los recursos humanos.
Con relación a la población penada
1) Incremento gradual de la tensión entre internos: En este caso se trata de capitalizar los conflictos existentes entre internos para que en su dinámica se establezcan bandos contrarios. Donde hay conflictos hay intereses, y con ellos la oportunidad de negociar una buena combinación de ambos. En el caso del motín ocurrido en Junio de 1.999 se utilizó justamente este mecanismo.
2) Aumento de la tensión a través de los familiares: En este caso se trata de dificultar la relación de los internos con los familiares mediante el trato dispensado a éstos por parte del personal, demoras en el ingreso del familiar y en la bajada del interno, exceso de celo en las requisas y no permitir el ingreso de determinados artículos de manera arbitraria; por ej: material de lectura. Esto resulta altamente irritante para toda la población penada y produce rápidas reacciones. De la intensidad del estímulo dependerá la magnitud de la reacción.
3) Presión global sobre la población penada: Este mecanismo es lento e inexorable. Consiste en el cercenamiento paulatino de las actividades de los internos dentro de la Unidad de Ejecución. A medida que disminuyen los niveles de actividad se incrementa la tensión y las demandas. Aumentan las huelgas de hambre, las auto lesiones, los reclamos y los problemas entre internos.
Este mecanismo permite mantener un alto nivel de control sobre la tensión interna toda vez que no es unidireccional sino que presenta movimientos oscilantes. Una medida clásica es interrumpir los servicios religiosos o los talleres de trabajo (continuará)

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